martes, 17 de noviembre de 2009

Gigantes del Antártico

Redacción: Zico

Si bien las canas han brotado y la barba ya no lo acompaña, estos no han sido impedimento para que con el paso de los años Juan Carlos Luján, uno de los expedicionarios que tuvo la difícil misión de abrir una pista de tierra en la Antártida, pierda el vigor que lo ha motivado a predicar la importante trascendencia que el 29 de octubre de 1969 tuvo para la República Argentina.
Hace ya cuarenta años que Lujan y sus compañeros salieron con la misión de comenzar aquella partida, una aventura insospechada que los proclamaría años más tarde como los fundadores de la Base Aérea Marambio.
Este suboficial mayor retirado, junto a sus correligionarios de la Patrulla Soberanía, fue encomendado a la tarea de crear una pista natural donde aviones de tren convencional (con ruedas) pudieran aterrizar en el Continente Blanco, y así cortar con el aislamiento al que se sometían los allí confinados durante un año a tareas de servicio, debido al gran peligro que significaba anevizar sobre terreno inestable.
Para ello, su grupo debió sobrevolar la isla Vice-comodoro Marambio y realizar distintos estudios, en los que se determinó que era la más acorde para el establecimiento del campamento, debido a las condiciones de relieve natural al archipiélago.
Luján, un hombre pequeño con una siempre amable sonrisa, siempre trata de introducir a sus oyentes en la situación de la época, en la que sólo se podía arribar al Desierto blanco en eras estivales y cuando las condiciones de los hielos lo permitían, donde los viajes duraban largos días a bordo del rompehielos para luego llegar a tierra con aviones que incorporaban esquís, y que no siempre encontraban un buen lugar para anevizar.

-¿Cómo era vivir en condiciones tan extremas antes de la construcción de la Pista?
-A las dotaciones las dejaban en las bases y al año las pasaban a buscar, al punto tal que le tenían que hacer prótesis dentales y varios pares de anteojos. También les extirpaban el apéndice. Habían personas que fallecían y tenían que quedarse allá. (sic) La Antártida Argentina se llevó más de 100 vidas.

Este hombrecito, a quien nadie creería capaz de soportar esas inclemencias, advierte que la famosa base que todos hoy conocen comenzó alguna vez siendo no más que un perdido campamento con carpas de lona y ayudados tan sólo por unos ancestrales calentadores “Primus” para fabricar el agua.
Luján recuerda las arduas jornadas de labor incesante, y advierte que no contaban con tecnología, tal cual cree el común de la gente: el trabajo duraba todo el día y en él picaban piedras, removían rocas, apartaban hielos y cavaban fosas con sus propias manos, a pura tracción de sangre y ayudados tan sólo por picos, palas y barretas.

Por lo menos tanta actividad les traía un poco de calor entre tanto frío…
- La inclemencia del frío ni la sentíamos, porque con el trabajo duro… La ropa que usábamos era de lona.. Cuando veo la de ahora me pregunto cómo vivíamos así...
Además, los picos que nosotros teníamos, de 52 centímetros, se reducían a tan sólo 25, y ya no servían.

En tales condiciones, y soportando temperaturas de hasta 32 grados bajo cero, Luján explica jocosamente cómo dormían en simples bolsas campamenteras, de donde sólo afloraba la boca y la nariz, las cuales usualmente aparecían congeladas al amanecer, con estalactitas de hasta 2 cm colgando de las fosas nasales.
Cada tanto los integrantes de la patrulla recibían la “visita” de aviones del ejército que les arrojaban provisiones, herramientas de trabajo, explosivos y, por sobre todo, la tan ansiada correspondencia que quebraba el aislamiento que sufrían, y por la cual se enteraron –dato no menos curioso- de la llegada del hombre a la Luna.


Pero por sobre tantas anécdotas, Luján deja de lado los recuerdos y vuelve sobre la importancia del 29 de octubre, cuando por primera vez en el mundo un avión Focker FX 27 partió de Río Gallegos, cruzó el paso de Drake, nexo natural entre América y la Antártida, y aterrizó en la pista que con sus propias manos habían construido, y que contaba con tan sólo 900 metros de longitud y 25 de anchura.

-Sin duda el hecho marca un hito…
-“El hecho de que haya aterrizado el avión – explica Luján – cambió la era Antártica.. A partir de ese momento, viven familias (n. de r.: en la Base Esperanza), Australia y Nueva Zelanda pasaron a ser vecinos, y la Base se constituyó en modelo, permitiendo el acceso los 365 días del año. Y permitió hacer evacuaciones, etc. De Buenos Aires se llega en 6 horas, cuando antes se podía tardar días”.

A partir de este acontecimiento, las tareas científicas en la Antártida lograron tomar mayor calidad, a la vez que se acortaban las distancias con Asia y Oceanía gracias a la aparición de los primeros vuelos transpolares.
Igualmente, aprovecha para aclarar que aquel día fue una inauguración simbólica, ya que luego de su período de hibernación fueron sucedidos por la primera camada de expedicionarios estable, quienes siguieron con las tareas que ellos habían comenzado.
Hoy este suboficial retirado, ex combatiente de Malvinas, dedica su vida a la difusión de esta epopeya de trascendencia nacional, histórica y geopolítica con el fin de no olvidar esta fecha, y de enseñar, sobre todas las cosas, que con esfuerzo y dedicación, el hombre con convicciones fuertes logra lo que se propone.

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