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jueves, 4 de febrero de 2010

El mundo tiende una mano a Haití

La familia Pacheco concluyó este miércoles con la incertidumbre que los rodeaba desde el 12 de enero pasado, fecha en la que un terremoto de escala 7 devastó casi por completo la capital haitiana de Puerto Príncipe, ciudad donde vivía hasta hace poco Rosalindha, la niñita de 1 año y 7 meses que aguardaba encontrarse con papá Darío y mamá Karina, sus padres adoptivos.
"Miramos muchos países, pero Haití nos robó el corazón. Es un lugar que estaba arruinado mucho antes de este terremoto. Un país devastado por la pobreza", indicó Darío, padre de otros 4 niños huérfanos.

Herby Joseph, Un jóven de 20 años que va a empezar a estudiar Ingeniería Informática en la UBA, contó que el segundo piso de su casa se derrumbó, aunque sin ocasionar lesiones a su padre, su abuela y su hermana, sobrevivientes de la tragedia. Su madre pudo hacérselo saber a través de una amiga dominicana porque, desde Argentina, Herby no puede comunicarse con ellos por teléfono.

En el colegio Don Bosco de la misma capital murieron un sacerdote de 85 años y unos 200 alumnos. Varios hospitales quedaron reducidos a escombros, si bien el de la Orden de los Camilos es uno de los pocos que sigue funcionando.

Historias de vida y muerte que recorren aquél distante paraje caribeño.

El sismo que dio vueltas al mundo exacerbó sin reticencia la penuria que transitaba las calles pobladas de Puerto Príncipe, donde sus habitantes -55% analfabetos- se rebuscaban para poder salir adelante en la economía más pobre de las Américas. "La situación general en Haití sigue siendo caótica para los más pobres. Todos siguen durmiendo, comiendo y haciendo todo lo demás a la intemperie. Los afortunados duermen en su patio o en el de sus amigos y viven incómodos pero con decencia, mientras que los demás invaden las calles, los parques y cualquier otro espacio abierto. Es una escena triste", escribe el secretario general de la Asociación de Jóvenes Católicos en Haití, Gwenael Apollon.

Un poco de historia

La república de Haití supo ser pionera en derechos abolicionistas cuando el 1 de enero de 1804 rompió las cadenas que lo sosegaban a la corona francesa, en el marco de un proceso único en la historia universal, tratándose de una población compuesta en un 95% por africanos subsaharianos, quienes en condición de esclavos lograron la independencia y erradicaron el comercio de personas.

A pesar de haber cosechado laureles en sus albores, la parte occidental de La Española(nombre que Colón dio a la isla), invadiría en 1822 la zona oriental, conocida como República Dominicana, que recobraría su independencia en 1844. Más entrado en la modernidad, la gran inestabilidad política del país serviría de pretexto a los Estados Unidos para invadirlo en 1915 y ejercer control hasta 1934.
En 1957 los haitianos volverían al sistema democrático con François Duvalier, quien sería sucedido por su hijo Jean Claude. Pero en 1990, la democracia sufriría un golpe que haría exiliar al presidente Jean-Bertrande Aristide, quien volvería tres años después para culminar su mandato. 1996 es el año de asunción para Reneé García Préval, quien calmaría la turbulencia hasta 2001, fecha en que Aristide fue reelegido. En 2004, la ONU interviene en la agitada situación política. Nuevamente Préval encaminaría el país a la senda republicana, siendo hoy en día también encargado de asumir los compromisos que su nación debe afrontar.
Un hálito de Esperanza

Pero no todo es dolor desde el 12 de enero. La realidad no es para Haití una cartelera teatral, si bien la tragedia ha dado lugar a un escenario esperanzador para este golpeado archipiélago caribeño.

Las estadísticas ya asustaban en Haití antes de producirse el temblor: el 70% los hatianos vivía por debajo del nivel de pobreza, con menos de U$S 2 diarios (Cifras del Banco Mundial), y dos tercios de sus trabajadores sin un empleo formal. Su deuda externa asciende a U$S 950 M, de los cuales 912 corresponden a intereses. El caos generado por el sismo agregó otro factor de preocupación: según informó el gobierno de Haití, la tragedia destruyó también el 20% de los empleos de la economía.

A pocos días de sucederse el hecho, la ministra de Industria Josseline Colimon Fethiere reconoció que el esfuerzo del sector privado será crucial para la reconstrucción arquitectónica, a lo cual el presidente de Canadá agregó que demandaría unos diez años. A pesar de todo, el terremoto significará un golpe de gracia para los trabajadores, tal cual reconoció Colimon Fethiere: "Tenemos que dar empleo a la gente. Tenemos que abrir los negocios nuevamente".

La "solidaridad" -si puede reconocersele esa virtud a un órgano de tal calaña- parece haber brotado una semana atrás por las oficinas del Banco Mundial, el cual dio a conocer su apoyo a la cancelación de la Deuda Externa Haitiana. Mientras tanto, la economía se sentirá insuflada en los próximos 5 años, plazo del que el BM la eximió de pagos al cancelar el valor real de su mora: 38 U$S M.

La Iglesia Católica, por su parte, desvió U$S 33 M a través de Cáritas Internacionalis para los más damnificados. En igual sintonía, el representante permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, Monseñor Tomasi, compartió el pasado 28 de enero en el Consejo de Derechos Humanos su creciente preocupación por la cantidad y calidad del apoyo humanitario, el cual debería basarse "en los derechos humanos y aplicar el principio de subsidiariedad para que los haitianos se hagan cargo de su reconstrucción". Y recordó las palabras del Papa en su audiencia semanal: “Llamo a la generosidad de todos, para que no les falte a estos hermanos que viven un momento de necesidad y de dolor, nuestra solidaridad concreta y el apoyo fáctico de la Comunidad Internacional”

Constante ha sido también el apoyo de los cascos azules de la ONU, del ejército estadounidense - a pesar de las severas críticas realizadas-, de la Cruz Roja (la cual se manifestó "desbordada"), el gobierno haitiano (único y verdadero responsable a cargo de las tareas) y demás organizaciones quienes han sumado su apoyo. Hasta un niño inglés de 7 años, quien fue promocionado por un sitio web y un presentador de TV, logró reunir más de U$S 300.000 pedaleando en su bicicleta. Inclusive los astros del fútbol se reunieron el 25 del mes pasado en "El partido contra la pobreza" con el fin de donar lo recaudado para la reconstrucción de Haití. Para Haití.

El llanto y desconsuelo de un pueblo encuentra descarga en las espaldas del mundo, quien una vez más vuelve la vista a su hermano más pequeño. La tragedia ha despertado la benevolencia alrededor del globo, dando un mensaje de esperanza a un pueblo azotado por los menesteres ambientales, las crisis institucionales, el tráfico de niños, la violencia esparcida a lo largo y a lo ancho de sus fronteras y más.

Los esfuerzos sostenidos no entienden de pausas ante una situación como la que se vive en el otro hemisferio y también en otras partes del mundo. Es la historia de la humanidad; sufrimiento y entrega tienden las sábanas donde descansarán los fatigados por las inclemencias vivenciadas para conseguir, con esfuerzo y sudor, el pan de cada día.

El sismo dejó a oscuras a Haití.
La llegada del sol es precedida por una síntomas escabrosos: la noche se torna más oscura, el frio hace agolpar a los cuerpos desnudos, desvestidos por la soledad moral que los aqueja. Las externalidades se vuelven amenazantes. La menor señal de movimiento alerta todos los sentidos; secreta pavor. Aunque el prudente sabe que, a pesar de todo, el alba vendrá a reconfortarlo y reanimarlo.
Así sucede con Haití y este mundo que, por un momento, recordó la existencia de un Otro.