http://www.nytimes.com/2010/02/06/world/americas/06tuberculosis.html?pagewanted=1&ref=world
Traducción: Zico
Puerto Príncipe. Haití – En una clínica infestada de moscas, erigida sobre los escombros del único sanatorio contra la tuberculosis en el país, se encuentra Pierre-Louis Monfort junto a decenas de personas que aguardan ser atendidas.
Haití posee la mayor población tuberculosa de las Américas, la cual parece estar en drástico aumento, según señalan los expertos en salubridad.
Sin embargo, entre los escombros Monfort recorre solitariamente la clínica encarando la urgencia de las personas que piden ser atendidas, con una clara desesperación que se refleja en sus rostros.
“Me estoy ahogando”, confiesa este doctor de 52 años mientras lo flanquea una multitud a la expectativa de píldoras, mientras vacía un orinal lleno de sangre.

“Las 50 enfermeras y 20 doctores que completaban el plantel murieron en el terremoto o se negaron a volver al trabajo por miedo al derrumbe de las edificaciones o por problemas personales”, explica. El doctor bromea al contar que el terremoto trajo un saldo positivo para él: le valió un ascenso desde el staff de enfermeros a director ejecutivo del Sanatorio.
En tiempos normales, Haití registraba alrededor de 30.000 nuevos casos de tuberculosis cada año. Entre las enfermedades infecciosas es la segunda causa de muertes en el país, luego del SIDA, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La situación ha ido empeorando debido a la diáspora que el sismo generó. Más de 100 pacientes con grado severo de infección están ahora viviendo entre la densa muchedumbre, lo cual lleva a los expertos a señalar que probablemente la enfermedad se extienda aún más. Muchos de estos pacientes no cuentan con sus pastillas diarias, lo cual generaría un reactivamiento de los síntomas, según señalan los expertos.
Mientras tanto, en el Hospital General, la doctora Megan Cofee apuntó: “En estas condicones estaremos devastados en
seis meses”, e hizo hincapié en los pacientes con tuberculosis severa que se agrupan en torno a las carpas azules. “Alguien tiene que ir a ayudar a Monfort, o pronto vamos a estar en grandes problemas”.Para que una pequeña complicación se diagnostique definitivamente como tuberculosis se puede tardar hasta semanas, lo cual ha instado a los doctores a confiar en síntomas visibles como sudores nocturnos, tos severa y pérdida de peso. “Pero mirá alrededor, -dice Coffee- todos están flacos, tosen a causa del polvo y sudan por la ola de calor”.
El Dr. Richar D’Meza, coordinador para la tuberculosis del Ministerio de Salud haitiano, relató que su oficina en la OMS hace las veces de depósito de medicinas para la creciente enfermedad. “Somos muy conscientes sobre la posible reactivación de los síntomas en pacientes ‘curados’, aunque ya hemos comenzado”, declaró, a la vez que agregó que él mismo está montando equipos de médicos para comenzar a relevar la cantidad de infectados en las tiendas de enfermería. “Comenzaremos pronto a llevar ayuda”.
Pero para Monfort, ‘pronto’ no es suficiente. Diariamente rescata de entre los escombros remedios y agujas. Las esteriliza usando lejía, mismo componente que le sirve de limpiador de pisos.
En su poca espaciosa clínica, ocho de los más contagiosos pacientes descansan sobre sábanas percutidas de marrón y rojo a causa de la sangre. Monfort confiesa haber perdido la cuenta de cuánta gente duerme en los agujeros formados a lo largo del sanatorio. Cientos retornan a diario en busca de medicina.
Afuera, el aire espeso se mezcla con el enfermante hedor de los cuerpos en descomposición. Ocasionalmente una brisa convertida en ráfaga que viene desde la cocina le da un respiro entre tanta pestilencia y vuelo de moscas.
Monfort comienza a explicar que su mayor problema es la falta de comida. De pronto un golpe sacude la clínica. Un paciente grita. Todos se mantienen tiesos, los ojos abiertos. Un hombre afuera grita que la otra sección del hospital ha colapsado. La gente que buscaba materiales para construir chozas había arrancado maderas del techo, el cual se desplomó. Los hombres debieron saltar para ponerse a salvo, según c
ontó aquél hombre.Monfort mira silencioso al suelo, como si el peso de su solitaria responsabilidad se le hubiera caído encima. “Esta gente está muriendo de dolor y nada parece curarla”.
La horrible escena de esta clínica habla de una gran preocupación: hospitales y staff médico socorren pacientes en pésimas condiciones y aquéllos que recibían previamente tratamiento contra el Cáncer, VIH u otras enfermedades crónicas o infecciosas, han sido desplazados quedando sin acceso a los cuidados necesarios.