El pasado lunes la opinión pública se estremeció frente a las declaraciones de un ex presentador de televisión británico, quien confesó en un programa de la BBC1 haberle quitado la vida a su pareja, un enfermo terminal de SIDA. El caso levantó el resquemor en la sociedad británica y encendió la discusión por la culpabilidad o no del afamado conductor.
Es curioso contemplar que la grabación se publica 2 meses después de haberse realizado, lo cual generó severas críticas a la Cadena anglosajona por no tomar medidas al respecto. Cabe la posibilidad de plantearse: ¿Una sincera confesión o un nuevo método de captar público?.
Como simples televidentes, y más allá de la posible tendencia que se pueda generar a la proliferación de declaraciones en vivo (Tiger Woods se sumó este mediodía), se puede apreciar con desazón que el tema de la eutanasia se ha querido revestir bajo el amparo de una "piedad" frente al enfermo, o bien de una "honrosa manera de poner fin a la vida".
El hecho en sí es la publicación de una grabación esta semana, donde Ray Gosling manifestó haber tomado tan drástica decisión al observar los fuertes dolores que padecía su novio a causa de la enfermedad, la cual era recién conocida a comienzos de los 80 y que estaba asociada directamente con la muerte.
La grabación, realizada a mediados de diciembre y de apróx. un minuto, tiene lugar en un desolado cementerio, y presenta a Gosling como un apesadumbrado sujeto que ha decidido compartir su secreto con el público (sin olvidar por eso su profesional manejo de una situación así frente a las cámaras de TV). Este hombre de 70 años reconoció que tenía un "pacto" con su pareja, y que "tomaría medidas si el dolor aumentaba". "Agarré la almohada y lo asfixié con ella hasta que murió, y no me arrepiento. Hice lo correcto", confesó. "Cuando se quiere a alguien, es duro verlo sufrir".
No es el fin dar sentencia pública a esta figura mediática ni sojuzgarlo, puesto que no compete a una redacción periodística, aunque sí a la policía británica, la cual ya comenzó con las investigaciones de rutina sobre el hecho acaecido.
La crítica apunta al supuesto "debate" que se ha reabierto, ya que no es la realidad del periodismo argentino, donde abundan las terceras posiciones, las preguntas retóricas, las declaraciones de tono gris o bien pálidas posturas que se vuelven inicuas (perversas) frente al poco esclarecimiento de ideas.
Lo que podría parecer lógico y humando ha de tornarse, con un poco de luz esclarecedora, en una conducta absurda e inhumana.
Por un lado, las sociedades de bienestar, guiadas por una mentalidad eficientista, presentan a las personas ancianas y debilitadas como cargas gravosas e insoportables, sin valor ninguno debido a su inhabilidad productiva; por otro, confunden el dolor y sufrimiento como un esquivo para la vida humana, cuando ciertamente ambas no pueden evitarse por ser inherentes a la vida de cada individuo. Esta confusión busca justificar actividades inhumanas (suicidios, homicidios) que quedarían legitimadas sin la esencial comprensión de este parámetro que rige la existencia de los hombres.
A su vez, resulta al menos curioso verificar cómo se elude en este gravísimo tema la opción ya muy avanzada (medicamente hablando) de los remedios paliativos contra el dolor de los enfermos terminales, reduciendo todo lisa y llanamente a acabar con la vida y el dolor. Al respecto, el Dr. Robert Twycross, famoso investigador de la Universidad de Oxford que trabaja desde hace más de 35 años con pacientes con enfermedades incurables, y autodeclarado médico "anti-eutanasia", en un reportaje concedido en 2004 a medios argentinos, categorizó: "La población debe saber que la elección no es entre morir con agonía o ser asesinado. Hay una tercera posibilidad: los cuidados paliativos".
Pero ya se puede vislumbrar, desde una mentalidad guiada por el cálculo y la previsión, la brecha existente entre costosas medicinas y una simple desconexión, inyección letal o vaya uno a saber qué. Homicidios/Suicidios enmascarados.
Otra posibilidad que baraja la inagotable Cultura de la Muerte.
Bilyk, Juan Carlos. Evangelización y Cultura. Aquinas, Buenos Aires, 2004.
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