
Redacción: Zico
Ninguna voz reaccionaria parece haberse levantado frente a la tematización que los grandes medios de la Argentina han llevado a cabo sobre la unión civil entre personas de igual sexo, ya sea durante el momento más caliente de las discusiones o bien desde que se diluyó a partir de la suspensión del casamiento entre Alex Freyre y José María Di Bello.
Visión de los Medios
La postura mediática ha tenido una doble vertiente: aquéllos de mayor audiencia, de horarios prime time, que en su afán de rating, y en proclama de su “libertad de empresa”, han polarizado y apoyado al lobby, con el consecuente desprestigio de las críticas fundamentadas (Clemente Cancella, movilero de CQC, tildó de retrógrado y fascista a un jóven que le desnudó frente a la cámara), siempre a la vanguardia del oleaje “progre”; por otro, aquéllos que tímidamente apenas si abrieron el abanico, aunque rápidamente lo volvían a cerrar, con simples alusiones como que sería “un duro debate que daría para hablar”. Mediocridad en estado puro.
Este último tiempo se puede denotar –quien tenga un poco de memoria- una reverberación de estrategias gramscianas para atacar la cultura: la condena pública al sujeto –y no a sus ideas-, la tergiversación del significado de las palabras, los eufemismos que endulzan el oído (genocidio silencioso se esconde bajo el velo de una “interrupción del embarazo”), el vaciamiento de sentido a las palabras (se habla de “tolerancia”, y no de “permisivismo”). En fin, destrucción de las uniones más elementales.
En una sociedad corrupta, relativista y en decadencia (¿dónde?, ¿dónde?) un tópico de este nivel no admite más que un tibio laissez faire por parte de los ya consumidos por tanta basura televisiva, o bien, una estricta condena a quienes defienden con su voz los valores culturales universales (y atemporales).
Han querido plantear que sólo la anticuada Iglesia y los “ultra-católicos” (término sin sentido) se niegan al progreso social, que quieren meterle en la cabeza sus ideas a todo el mundo, que quieren dictar sobre las conciencias.
La postura contraria
“Absolutamente ilegal” ha calificado el Episcopado el fallo de la jueza Seijas que declaraba anti-constitucional dos artículos del Código Civil sobre la materia. “La Nación” del jueves 17 del corriente alerta del fustigamiento que una magistrada de la Corte Suprema hace sobre el jefe de Gabíente, Aníbal Fernandez, por haber ordenado desacatar un fallo a la Policía Federal. De un lado o de otro cada vez parecen obedecer menos a Ella, la que debería erigirse como expresión de la voluntad general del pueblo, la Ley.
Durante la reunión celebrada por pedido del Jefe de Gobierno, Maurico Macri, en el Arzobispado de Buenos Aires, el Cardenal Bergoglio le reiteró la falta grave “a su deber de gobernante y custodio de la Ley”.
En un comunicado emitido por el Episcopado se deja entrever: “¿Es lógico considerar en igualdad de condiciones lo que puede llegar a ofrecer a los hijos la pareja de un varón y una mujer y aquella formada por dos personas del mismo sexo?”, se pregunta.
Sólo el varon y la mujer, y como fruto de su encuentro, pueden traer al mundo una criatura, sólo ellos pueden dotarlo de las figuras de padre y madre, sólo ellos son los modelos genuinamente masculinos y femeninos a seguir para un desarrollo integral, declara el documento.
Afirmar la heterosexualidad del matrimonio no es discriminar, sino partir de su presupuesto fundacional y sentar la base.
La realidad detrás de la "realidad"
Han querido hacer creer que todo este oleaje laicista es la realidad que nos atraviesa como sociedad, que es “urgente” dar lugar a estos petitorios. No es más que un grupo minoritario que pide se reconozca su condición. Ahora bien, su posición debe ser escuchada, en el marco del reconocimiento del peso específico que hace al entramado social, y no como perentoria igualación de derechos, que de por sí, ya poseen.
No es una cuestión de credos. Una ley Natural, por encima de la Positiva manifiesta las realidades más simples, de sentido común, devenido hoy en el menos común de los sentidos.
Vale aclarar que la opinión pública más que nunca en este debate no es fiel reflejo de la idosincracia popular. ¿Quiénes forman la opinión pública? ¿Acaso nos representan en algo los consagrados escritores, famosos periodistas, renombrados políticos o los líderes de los mass-media interesados en lucrar más que permitir al ciudadano común formar su opinión crítica?
Han querido captar a desprevenidos, apresurados, que quizás respondían con el medio de la condena que los editores de programas podrían propinarles.
Todavía hay varones y mujeres que reclaman por una autonomía faltante que deje de mirar hacia las realidades de ultramar como el modelo a seguir, que respete las instituciones sociales y las proteja. Hoy en día Espáña ha dado media sanción a un proyecto de despenalización del aborto. ¿Eso queremos realmente para nuestro futuro?
No se puede negar que estas personas necesitan un marco legal que les ampare en su elección de vida, pero la elevación a carácter matrimonial es un nuevo germen que sembraría la destrucción de una sociedad basada –al igual que todas- en la universal institución social conocida como FAMILIA.
Ninguna voz reaccionaria parece haberse levantado frente a la tematización que los grandes medios de la Argentina han llevado a cabo sobre la unión civil entre personas de igual sexo, ya sea durante el momento más caliente de las discusiones o bien desde que se diluyó a partir de la suspensión del casamiento entre Alex Freyre y José María Di Bello.
Visión de los Medios
La postura mediática ha tenido una doble vertiente: aquéllos de mayor audiencia, de horarios prime time, que en su afán de rating, y en proclama de su “libertad de empresa”, han polarizado y apoyado al lobby, con el consecuente desprestigio de las críticas fundamentadas (Clemente Cancella, movilero de CQC, tildó de retrógrado y fascista a un jóven que le desnudó frente a la cámara), siempre a la vanguardia del oleaje “progre”; por otro, aquéllos que tímidamente apenas si abrieron el abanico, aunque rápidamente lo volvían a cerrar, con simples alusiones como que sería “un duro debate que daría para hablar”. Mediocridad en estado puro.
Este último tiempo se puede denotar –quien tenga un poco de memoria- una reverberación de estrategias gramscianas para atacar la cultura: la condena pública al sujeto –y no a sus ideas-, la tergiversación del significado de las palabras, los eufemismos que endulzan el oído (genocidio silencioso se esconde bajo el velo de una “interrupción del embarazo”), el vaciamiento de sentido a las palabras (se habla de “tolerancia”, y no de “permisivismo”). En fin, destrucción de las uniones más elementales.
En una sociedad corrupta, relativista y en decadencia (¿dónde?, ¿dónde?) un tópico de este nivel no admite más que un tibio laissez faire por parte de los ya consumidos por tanta basura televisiva, o bien, una estricta condena a quienes defienden con su voz los valores culturales universales (y atemporales).
Han querido plantear que sólo la anticuada Iglesia y los “ultra-católicos” (término sin sentido) se niegan al progreso social, que quieren meterle en la cabeza sus ideas a todo el mundo, que quieren dictar sobre las conciencias.
La postura contraria
“Absolutamente ilegal” ha calificado el Episcopado el fallo de la jueza Seijas que declaraba anti-constitucional dos artículos del Código Civil sobre la materia. “La Nación” del jueves 17 del corriente alerta del fustigamiento que una magistrada de la Corte Suprema hace sobre el jefe de Gabíente, Aníbal Fernandez, por haber ordenado desacatar un fallo a la Policía Federal. De un lado o de otro cada vez parecen obedecer menos a Ella, la que debería erigirse como expresión de la voluntad general del pueblo, la Ley.
Durante la reunión celebrada por pedido del Jefe de Gobierno, Maurico Macri, en el Arzobispado de Buenos Aires, el Cardenal Bergoglio le reiteró la falta grave “a su deber de gobernante y custodio de la Ley”.
En un comunicado emitido por el Episcopado se deja entrever: “¿Es lógico considerar en igualdad de condiciones lo que puede llegar a ofrecer a los hijos la pareja de un varón y una mujer y aquella formada por dos personas del mismo sexo?”, se pregunta.
Sólo el varon y la mujer, y como fruto de su encuentro, pueden traer al mundo una criatura, sólo ellos pueden dotarlo de las figuras de padre y madre, sólo ellos son los modelos genuinamente masculinos y femeninos a seguir para un desarrollo integral, declara el documento.
Afirmar la heterosexualidad del matrimonio no es discriminar, sino partir de su presupuesto fundacional y sentar la base.
La realidad detrás de la "realidad"
Han querido hacer creer que todo este oleaje laicista es la realidad que nos atraviesa como sociedad, que es “urgente” dar lugar a estos petitorios. No es más que un grupo minoritario que pide se reconozca su condición. Ahora bien, su posición debe ser escuchada, en el marco del reconocimiento del peso específico que hace al entramado social, y no como perentoria igualación de derechos, que de por sí, ya poseen.
No es una cuestión de credos. Una ley Natural, por encima de la Positiva manifiesta las realidades más simples, de sentido común, devenido hoy en el menos común de los sentidos.
Vale aclarar que la opinión pública más que nunca en este debate no es fiel reflejo de la idosincracia popular. ¿Quiénes forman la opinión pública? ¿Acaso nos representan en algo los consagrados escritores, famosos periodistas, renombrados políticos o los líderes de los mass-media interesados en lucrar más que permitir al ciudadano común formar su opinión crítica?
Han querido captar a desprevenidos, apresurados, que quizás respondían con el medio de la condena que los editores de programas podrían propinarles.
Todavía hay varones y mujeres que reclaman por una autonomía faltante que deje de mirar hacia las realidades de ultramar como el modelo a seguir, que respete las instituciones sociales y las proteja. Hoy en día Espáña ha dado media sanción a un proyecto de despenalización del aborto. ¿Eso queremos realmente para nuestro futuro?
No se puede negar que estas personas necesitan un marco legal que les ampare en su elección de vida, pero la elevación a carácter matrimonial es un nuevo germen que sembraría la destrucción de una sociedad basada –al igual que todas- en la universal institución social conocida como FAMILIA.
El matrimonio homosexual no debe existir por Razones obvias, es una enfermedad que afecta el orden natural de las cosas, es decir, contribuye a la extinción de la raza humana. “Ojo” yo no estoy condenando a los homosexuales, ni diciendo que son algo raro, solo que se puede convivir como convivo con cualquier persona, sin discrimina por ser una persona enferma, es decir, acepto que tengan una atracción homosexual, como acepto que haya cáncer o párkinson o distintos otras enfermedades que el individuo no eligió tener sino que le toco ser así y con al cual debo incluir y no despreciar porque no es distinto a mi o a mis amigos , pero jamás aceptaría que se realizara el acto.
ResponderEliminarEn 1991, el neurocientífico estadounidense Simon LeVay, publicó un artículo llamado “Una diferencia en la estructura hipotálamica entre hombres homosexuales y heterosexuales”. En este artículo se describe una diferencia en el porcentaje del tamaño y volumen del tercer núcleo intersticial del hipotálamo anterior (INAH3) entre hombres homosexuales y heterosexuales, aclarando que este es más grande en heterosexuales en comparación al hallado en cerebros homosexuales. El INAH3 homosexual es similar en tamaño al encontrado en cerebros femeninos. El neurocientífico holandes, Dr. Dick Swaab, fundador del Banco de Cerebros de la Universidad de Amsterdan, menciona que en la orientación sexual interfieren gran cantidad de factores como hormonas, factores genéticos y circuitos neuronales. Pero hace hincapié en que los seis primeros meses de vida gestacional se establece una impronta de carácter sexual en el encéfalo y que en dos etapas subsecuentes e importantes, durante los dos primeros años de vida y la adolescencia, existen cambios de gran actividad hormonal que pueden consolidar la forma en que cada individuo ejerce su sexualidad.
David Jeroncic